De camino a la localidad de Ossa de Montiel, en el corazón manchego del extraordinario parque natural de las Lagunas del Ruidera, a caballo entre las provincias de Ciudad Real y Albacete. Nos encontramos, en medio del monte, salpicado de encinas y perfectamente señalizado, una cavidad que sumerge de la tierra, entre rocas y piedras, dando al lugar ese alo de misterio que ya relató Cervantes...
«José sólo espera la voluntad, y
enseña al viajero una Cueva de Montesinos llena de Quijotes y
Dulcineas»
En la entrada, José, provisto de linternas, espera a que algún turista quiera de su experiencia para bajar a la gruta.
José es natural de la Ossa, su padre ya enseñaba la cueva y él lleva 30 años mostrando a todo el que se acerca “las maravillas que de ella se decían”. José es manchego y su tradición se respira en cada palabra, en cada gesto… José sólo espera la voluntad, y enseña al viajero una Cueva de Montesinos llena de Quijotes y Dulcineas que reciben en la oscuridad al turista, con ayuda de la luz del sol que se hace hueco y desciende por la gruta.
En la entrada, a la izquierda, está la oquedad “portal” que en otros tiempos llamaban de los Arrieros, porque en ella se guarecían de las inclemencias del tiempo. Ahora es un basurero que acoge desde colillas de cigarros, huellas de la pasión en forma de preservativos; latas de coca cola de esas que siempre llegan al rincón más perdido … De un MAZAZO teste tipo de artículos propios de nuestro siglo XXI, nos arrojan, pese a los esfuerzos de José, del libro de Cervantes a la realidad.
Nuestro improvisado guía vuelve a su verborrea quijotesca y descendemos recobrando ese espíritu literario que nos ha llevado a visitar la cueva. Bajamos con ayuda de unos escalones naturales y con suficiente espacio para adentrarnos, prácticamente erguidos en el recinto subterráneo. Llegamos a mitad de la cavidad, a la zona más amplia conocida como la Gran Sala, de su techo descienden familias de murciélagos asustados de nuestra intromisión de linternas.
La cueva tiene unos 80 metros de profundidad.
Al fondo de la gruta, asomándonos a un pequeño precipicio de roca blanca, observamos un profundo río, una curiosa bolsa de agua fría y cristalina, que todo aquel que sea guiado por la experiencia de José podrá mojar sus dedos en esas trasparentes y curiosas aguas.
Según afirma la leyenda, un libro o la tradición, D. Quijote cuenta que Montesinos le relató que el Mago Merlín encerró a 500 aldeanos en esta cueva. Entre ellos la Sra Ruidera, sus hijas y sus sobrinas lloraron tanto que Merlín se apiadó de ellas y las liberó convirtiéndolas en el mundo real en las Lagunas de Ruidera.
Nos despedimos de José y continuamos decubriendo esta leyenda y nos dirijimos rumbo a ese Oásis en el corazón de la Mancha.
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